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Fatalidad

Aquel apuesto Director dirigía la orquesta con reiterada maestría. Verlo de espaldas, semejaba a un ave en posición de remontar vuelo. Supuse alas en sus brazos, mientras su batuta mágica despertaba la novena sinfonía de Beethoven. Escuchar esa música arrancaba emociones latentes en el auditorio. Mi alma danzaba liberada y trepaba hasta el escenario, vibrando junto con las notas musicales que inundaban, luminosas, el entorno de los instrumentos formando un arcoiris musical. Desde la primera fila seguí el espectáculo tal como si me desplazara en una nube melodiosa. El último acorde, síntesis perfecta del autor, marcó el final de la actuación y el de mi embrujo. Un bullicioso aplauso general estalló en la sala. Me acerqué lentamente hasta el escenario apoyada en mis muletas convertidas, desde el accidente, en parte de mi pobre cuerpo. Era cruel recordar y recordarle con mi implacable presencia aquél hecho siniestro que enterró mi juventud y mi belleza. Como siempre, le entregué la rosa que…
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Desconocido

Cristal del tiempo En tu dulce mirada. Sobra el consejo, Silencia la palabra. Voy más lejos, Emborracho mi alma, En tus ojos me pierdo, Libro batallas, Porque aún no tengo, Medida ni distancia Del vivo recuerdo Que habita mi alma.
 2015


La invitación

Cae la noche. Las luces iluminan la tenue oscuridad que avanza sobre las calles, los parques, los jardines. . . En un punto de la ciudad, en un viejo pero mantenido edificio de pocos pisos, en un apartamento con terraza, ella disfruta de la noche a la luz de muchas velas que ha encendido con amor. La luna ausente pinta de negro el firmamento y resalta el arcoiris nocturno de las luminarias públicas y privadas. El neón de los carteles de las tiendas hace piruetas en sus cambios de colores. Las LED de las pantallas de noticias y anuncios parecen piedras preciosas reflejando su brillo. Él ha llegado. El vino escarlata danza en las finas copas. Los platos delicados dan vida a la esmerada mesa, y el postre perfecto arranca sonrisas de placer. El espumante del cierre burbujea llenando de chispas líquidas el espacio entre las dos bocas. Una blanca tibieza se apropia de las sábanas. La música que fluye tenue a través de los parlantes acerca la magia de sus acordes. El corazón se acelera y nace l…

Amor

En el laberinto oscuro De tus pensamientos Quizá se geste, Ese difícil sentimiento, Ese sino dubitativo Que al pensarlo, Confuso, se pierde


2012



Anuncio estelar

Desde el gran ventanal, la joven mujer de manos nerviosas miraba el sol morir en el límite rojo del mar. Algunas luces próximas a la costa, la distraían. Recordaba a Manuel Palomino, ese hombre maduro, tan gentil, tan educado, tan ensimismado con su profesión de práctico en el mar. Ningún buque de carga, menos un crucero turístico, podría amarrar, si Manuel no daba las indicaciones necesarias para entrar al puerto. Compartiendo avistajes apasionados en esa inmensa bahía de aguas turquesas, se había enamorado de él. Sólo las ballenas que venían desde muy lejos para aparearse o a parir sus crías, eran testigos del romance impensado, surgido a pesar de la diferencia de edades entre ambos. Varios meses habían transcurridos desde que el práctico partiera dejando una promesa en oídos de ella. La ausencia le restaba fuerzas para sostenerse en la espera. La noche avanzaba oscura como tantas otras, cuando de pronto, una luz potente iluminó el cielo. En realidad, eran tres luces hechas una, que …

Amor tardío

En el espacio oscuro De tus ojos tiernos, Refresqué mi vida, Detuve el tiempo, Enfrenté lo absurdo.


Mayo 2012



Café Express

Esa mañana, como tantas, mientras tomabas el café humeante, te miraba. Yo estaba del otro lado de la barra, secando tazas y pocillos de loza blanca con el logo del bar. De tanto en tanto, alzaba la vista para contemplarte,   para deleitarme en ver cómo sorbías la espuma, cómo te rascabas la cabeza, tal vez por el calor de los radiadores o retirabas la bufanda gris, o la a cuadros rojos y negro del cuello. La calefacción estaba alta. Un cortado fuerte con una medialuna me desplazó de la contemplación. La puerta vaivén con gruesos herrajes de bronce adheridos a los vidrios fuertes de sus hojas, dejó entrar el frío húmedo de junio. Me estremecí, y no por la  humedad gélida que se acababa de colar en el salón. Una mujer rubia, delgada y  esbelta, entró, sentándose a tu lado, luego de darte un beso fugaz en la mejilla. Abrió un maletín de cuero marrón, colgó su cartera original, también de cuero, en la silla e inició una conversación  inaudita parte, por largo tiempo, por lo menos eso me par…