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Vigía

Gioacchino Passini

Muy cerca del cielo deambulaba como nutriéndose de las corrientes de aire y del sol. Era lugareño y conocía a la perfección el entorno que lo rodeaba. Podía reconocer cada recoveco del río y las sendas de las cabras que recorrían la montaña. Sabía perfectamente cuando había extraños y entonces se volvía loco. No dejaba de vigilar. 

La tarde avanzaba sobre los cerros reverdecidos con la lluvia. Las formaciones geológicas propias del terciario parecían vigías de altura, sobresaliendo en la extensa pampa serrana a cientos de metros de altitud. El automóvil de los desconocidos se detuvo prácticamente en medio de la ruta de ripio poco transitada. El lugareño revisó la escena con su aguda mirada. 

Las penumbras avanzaban y el sol apenas se veía, recortando con sus tenues rayos, el perfil de las Sierras Grandes, pintando de rosa el filo de las mismas.
En el silencio del atardecer, uno de los pasajeros que acababa de descender para estirar sus cansadas piernas, gritó: ¡Un cóndor!


2017




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Azul

Azul oscuro como el mar del Océano Pacífico, azul luminoso como el del cielo sin nubes de Traslasierra, azul tenue como el que enternece la mirada de mi abuela, azul, azul, Azul con mayúscula: tu nombre. ¿Será porque tus ojitos son azules, de un azul más intenso que el de la "nona" o se parecen, quizá a los de tu papá? Azul, tu nombre, porque cuando desperté de la cesárea, lo primero que vi fue el cielo azul, muy azul, por la ventana del hospital. Y aunque la soledad me abata y la pobreza me limite, aunque el amor me destroce el alma y enflaquezca mi cuerpo, nunca, nunca veré el negro de la fatalidad, siempre mi vida será azul, Azul.
2017







Un libro

Una tormenta sin igual, propia del verano, se desató sobre la ciudad. Manuel se refugió en una Librería y compró un libro de la colección "De Bolsillo" sobre el amor, edición rústica y accesible que le permitía llevar el ejemplar a todas partes sin que le estorbara. Casualmente, una joven que había entrado empapada a continuación suyo, adquirió el mismo. Cuando el vendedor lo advirtió, fue tarde: Ambos se sonreían ante la coincidencia. Esperaron que la lluvia amainara y Clara fue la primera en partir presurosa rumbo a la Estación del Ferrocarril. El tren de las 6 de la tarde la llevaría a su casa, aún con luz solar. Las huellas de la tormenta de horas atrás se dibujaban en el campo luminoso. En su observar entrecortado, se durmió. Pero, las nubes blancas se levantaban hacia el infinito y eso era peligroso, anunciaban más lluvia. El ronronear de los truenos y la sorpresa de los relámpagos, la sobresaltaron. La bocina grave de la máquina del tren anunció su próxima parada. Descen…

Tus ojos

Tus ojos
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 2011