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Plazo vencido

Javier Mulio

Era el último aviso, y ya no había esperanza que impidiera el desenlace previsto. Con la mirada perdida en la acera, y una mueca de preocupación dibujada en su rostro, aquel hombre maduro caminaba rápidamente con rumbo cierto hacia su casa.
La pertenencia le sonaba inequívoca. Su casa, su hogar, ese sitio cálido en el que crecieron los hijos, ese refugio de sosiego y amor donde junto a su esposa compartieron buena parte de sus vidas.
El saludo de un vecino, y la carrera de los niños saliendo de la escuela, le indicaron que estaba cerca. Pronto llegaría y sin embargo, deseaba que el camino fuese más largo aún. Aceleró el paso y en un gesto de cobardía o de valor, según se mire, traspuso la puerta de entrada y extendió a su mujer, la notificación que llevaba apretujada en su mano y que tan gentilmente le entregara su abogado.


2016


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Azul

Azul oscuro como el mar del Océano Pacífico, azul luminoso como el del cielo sin nubes de Traslasierra, azul tenue como el que enternece la mirada de mi abuela, azul, azul, Azul con mayúscula: tu nombre. ¿Será porque tus ojitos son azules, de un azul más intenso que el de la "nona" o se parecen, quizá a los de tu papá? Azul, tu nombre, porque cuando desperté de la cesárea, lo primero que vi fue el cielo azul, muy azul, por la ventana del hospital. Y aunque la soledad me abata y la pobreza me limite, aunque el amor me destroce el alma y enflaquezca mi cuerpo, nunca, nunca veré el negro de la fatalidad, siempre mi vida será azul, Azul.
2017







Un libro

Una tormenta sin igual, propia del verano, se desató sobre la ciudad. Manuel se refugió en una Librería y compró un libro de la colección "De Bolsillo" sobre el amor, edición rústica y accesible que le permitía llevar el ejemplar a todas partes sin que le estorbara. Casualmente, una joven que había entrado empapada a continuación suyo, adquirió el mismo. Cuando el vendedor lo advirtió, fue tarde: Ambos se sonreían ante la coincidencia. Esperaron que la lluvia amainara y Clara fue la primera en partir presurosa rumbo a la Estación del Ferrocarril. El tren de las 6 de la tarde la llevaría a su casa, aún con luz solar. Las huellas de la tormenta de horas atrás se dibujaban en el campo luminoso. En su observar entrecortado, se durmió. Pero, las nubes blancas se levantaban hacia el infinito y eso era peligroso, anunciaban más lluvia. El ronronear de los truenos y la sorpresa de los relámpagos, la sobresaltaron. La bocina grave de la máquina del tren anunció su próxima parada. Descen…

Tus ojos

Tus ojos
Tus ojos fueron lagos Donde reposar podía, Sin temor anunciado Mi fatal melancolía.
 2011